La sociedad del futuro

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Es de mañana y Súper Sónico escucha la voz de su despertador que le dice que ya es hora de levantarse. Antes de salir de casa, mientras toma el café, lee las noticias del día en una gran pantalla plana. Mientras esto sucede, su esposa, Ultra, asiste a su clase de gimnasia vía teleconferencia. Camino al trabajo, mediante su teléfono inteligente, Sónico recibe su primer regaño del día por parte de su jefe, el señor Júpiter, a través de una videollamada. Durante su jornada laboral, Súper atiende diversas reuniones virtuales. Al regresar al hogar en la noche, se entera que su hijo, Cometín, se encuentra enfermo, pero se tranquiliza al saber que ya recibió una consulta de telemedicina.

 

A partir de los avances tecnológicos de las últimas dos décadas, la sociedad del futuro descrita en Los Supersónicos, serie animada de los años sesentas, se asemeja cada vez más a nuestro presente. Hoy existen múltiples aspectos de la vida cotidiana que nos han transformado en seres del futuro.

 

En primer lugar, en la sociedad moderna, los teléfonos inteligentes se han convertido en buena medida en una extensión personal. Los podemos programar para pedirle a Alexa que nos despierte en la mañana y también los usamos para realizar videollamadas. Ahí se encuentran nuestros contactos, la agenda, notas, fotos y son la puerta de acceso permanente a nuestras redes sociales. Salir de casa sin el teléfono nos hace incapaces de atender una emergencia, nos deja incomunicados y nos impone múltiples limitaciones. Súper Sónico estaría celoso de las funciones de los teléfonos inteligentes de hoy.

 

En nuestros trabajos, exploramos la web de forma regular y usamos nuestros correos electrónicos para mandar y recibir información. Las reuniones virtuales, que no eran tan comunes antes de la pandemia, se han convertido en una excelente alternativa que reduce costos, tiempo, distancia y espacios. Se prevé que, durante los próximos años, las juntas, los viajes de trabajo y los congresos serán sustituidos de forma considerable por las reuniones virtuales.

 

En nuestros hogares, las suscripciones en las plataformas de contenidos por internet amplían nuestras opciones de entretenimiento e información. Además, a través de la tecnología Bluetooth, tenemos diversos dispositivos electrónicos conectados a nuestros teléfonos, convertidos en una consola maestra desde la cual podemos controlar la bocina, la televisión, el reloj, la luz, la lavadora y un largo etcétera. Asimismo, con el trabajo a distancia, nuestros hogares se han convertido en los nuevos centros laborales: desde ahí hacemos llamadas, atendemos reuniones y trabajamos.

 

Respecto a la educación, las clases virtuales se han convertido en el modelo de educación mundial durante la pandemia: desde nivel primaria hasta los cursos de profesionalización y de ocio. Hoy podemos recibir clases de canto impartidas por Christina Aguilera, de ajedrez por Garry Kasparov o de liderazgo por Bill Clinton. Y aun cuando se superen los retos de salud pública originados por la pandemia y se retomen las clases presenciales, en los próximos años se prevé que se consolidará un modelo mixto.

 

En cuanto al comercio electrónico, hoy podemos adquirir el producto que queramos proveniente de cualquier parte del mundo y recibirlo en unos cuantos días en la puerta de nuestros hogares. Esta ventaja no solamente la tenemos en los productos, sino también en los servicios profesionales: al igual que Cometín, las consultas médicas, psicológicas, de nutrición y muchas más, las podemos recibir mediante videoconferencia.

 

Aunque nunca nos lo dijeron de forma explícita, en la sociedad de Los Supersónicos existía un elemento fundamental para su funcionamiento: las telecomunicaciones. Está claro que en el futuro hipotético de esa serie, se contaba con la infraestructura necesaria para proveer servicios de calidad de telefonía, cable e internet fijo y móvil.

 

De la misma manera, las telecomunicaciones son el hilo invisible que sostiene nuestra forma de vida actual. El servicio de telefonía celular e internet móvil nos permite sacar el mayor provecho de nuestros teléfonos inteligentes. Por su parte, el trabajo en casa, las reuniones virtuales, las plataformas de contenido, la educación en línea, el comercio electrónico, las teleconsultas y los dispositivos que enlazamos a nuestros teléfonos, dependen de que contemos con un buen servicio de internet fijo.

 

Las telecomunicaciones son el pilar de la sociedad moderna y el puente hacia la sociedad del futuro. Son las nuevas carreteras que comunican a las personas con el mundo y las que nos hacen más parecidos a Los Supersónicos que a Los Picapiedra. Por eso, para que el pueblo de México camine con paso firme hacia el futuro, resulta indispensable el constante desarrollo de la infraestructura necesaria para su funcionamiento; la correcta prestación de un servicio de calidad por parte de las compañías de telefonía, internet y cable; así como la protección efectiva de los derechos de los consumidores.

 

El futuro ya llegó y para disfrutar de los beneficios que nos trae la sociedad del futuro es imprescindible que conozcamos y hagamos valer nuestros derechos como consumidores de telecomunicaciones.

 

 

Pedro Rangel

Subprocurador de Telecomunicaciones en PROFECO